El club.

Todo entusiasta del automovilismo debe vivir la experiencia de pertenecer a un club. Quien no lo haya hecho aún se lo recomiendo. He encontrado nuevos buenos amigos, aprendí a conocer y querer mi 407 SW. Se pasa increible cuando nos juntamos.

club

Parte de la familia. Camino a Con-Con a un asado para compartir y disfrutar del verano.

Si algo me llamaba la atención de la saga Rápido y Furioso era esa mística tipo “familia” que se proyecta en los personajes. Lo encontraba tan chulo, tan de flaitunig, tan puentealtino que jamás imaginé participar de una junta de amantes de los autos y tuercas. Tenía la idea de que todas eran como junta de tuning con autos deformes, minas que se juran regias, kits de sonido que valen más que el cacharro que las lleva, reggaeton y bachata al por mayor … la sola idea de una junta así me hacía vomitar.

Pero un día me uní al Club Peugeot Chile. Ingresé por un par de preguntas técnicas y terminé quedándome.

El club cambió mi percepción del amor por los autos. Aprendí a amar la marca y aunque digan que son autos complicados, estos marcan un referente en cuanto a tecnología y confort interior. Son códigos que compartimos entre risas, consejos, pizzas, correr un poco en la carretera y apoyarnos.

El club también cambió mi visión del mecánico. En el club encontré mecánicos a los que le entrego mi auto a ojos cerrados y sé que actuarán de buena fe.

Por esto es que a todo entusiasta de los autos, a todo aquel que desde el primer año de vida jugó con autitos VAYA y participe de un club. Se lo recomiendo.

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