Balboa.

Mi segundo apellido es Balboa. Nunca lo uso en los pie de firma ni me presento con los dos apellidos, creo que es por el estigma que cargo desde los 12 años de tanto oír “eres pariente de Rocky?”.
Lo que no saben es que con el Semental Italiano tenemos una historia en común … y se remonta a 1982.

LLA

… y todo comenzó aquí.

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En mis años de básica yo no sabía pelear (ni de adulto tampoco). Venía de un colegio muy chico y tranquilo.
Cuando llegué a La Asunción me encontré con los típicos matones que -mediante amenaza- mascullaban la frase “a la salida te espero” y yo tiritaba de miedo.
Después de no se cuantas idas a inspectoría por mal comportamiento (eso de que a uno lo apaleen era motivo para tomar un city tour por la inspectoría) y de tenerles miedo al Coty Cabrera, laucho Gallardo y el Troncoso que me terminaban sacando sangre de narices semana por medio me tenia medio aburrido.

Hasta que un día decidí tomar cartas en el asunto.
Era el momento de rebelarme.

Justo una de esas tardes de otoño de 1982 un curso proyectó la película Rocky III. Por una módica suma de $300 y que incluía un paquete de Fonzies me fui después de clases a la sede, pagué mi derecho a defensa y vi la película con unos ojos que parecían un par de huevos fritos de tan abiertos.

Dicen que la venganza es dulce como los Fonzies y que llega en el minuto menos pensado. Ocurrió en una clase de Historia con el profe Córdova, el pelao Troncoso me empezó a molestar y con su sonrisa burlona me dice “a la salida te espero Hernández”

… Y Hernández no esperó que sonara la campana a las 8:15 …
Le dí un derechazo que aterrizó en su nariz y vi como en cámara lenta un chorro de sangre corría desde sus fosas nasales, su llanto de niñita asustada y luego recuerdo la voz del profe Córdova mandándonos a inspectoría.

Yo llegué a inspectoría con una sonrisa de oreja a oreja, no cabía de felicidad de haberle dado su merecido al matón que me hacía bullying y me reia viendo como el pelao tenía un pañuelo en su nariz mientras seguía sollozando. Ni siquiera recuerdo el castigo que nos dieron, de seguro fue una comunicación llamando a nuestros padres y una anotación en el libro del curso.

Y desde ese día me dejaron en paz los matones, incluso era parte de la patota. Hasta nos hicimos grandes amigos en 2do. medio con el Coty Cabrera. Y ahí comenzó mi cariño y admiración secreta por Rocky, el tío Rocky y su lección de vida.

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