La mujer del tatuaje.

Cuenta la leyenda, que hace mil años una mujer condenada a morir descubrió que  si cada noche le contaba una historia al zamir, tendría un día más de vida.
Sherezada comenzó contando la historia de una mujer del futuro, habia llegado después de una tormenta de arena y fue encontrada agotada en un oasis. Se llamaba Mar-Ce Lá. Hablaba una extraña lengua, idéntica a la que usaban los  bárbaros de Britania y más acá del imperio de los vikingos.
La extraña mujer  se repuso en la tienda de unos nómades – que daban descanso a viajeros extraviados, a los caballeros cruzados y – a veces- a los ladrones de Babá.

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La enigmática mujer, pronto captó la atención de zamir, visir del rey. Ella tenia una sonrisa que cautivaba al más rudo. Unas manos suaves con las que caian rendidos los mercaderes. Un extraño tatuaje en su busto la hacia más enigmática, más misteriosa, más seductora a los ojos del principe, quien, una noche no resistió. Llegó con ánforas de miel, dátiles y antorchas que  impregnaban el ambiente con el aroma suave del incienso y salvia de naranj – un árbol que les fue regalado por los árabes a cambio de que los dejen en paz en Hispania.
La extraña mujer tenia un secreto. Habia escapado de su pais, en un  extraño y lejano lugar – porque los hombres no veian en ella todo su esplendor.  Ella provenia de una extraña cultura en donde se sentia ajena y atemporal. Por eso, es que nada de lo que el príncipe hiciera podia llamar la atención de Mar-Ce Lá

Nada pudo quitar el velo sobre sus ojos color oliva. Ni esclavos, ni las atenciones del principe, mucho menos el extraño tigre albino que hizo traer para ella. En verdad, la extraña mujer escapaba del hombre que había robado su corazón, la pena la escondía detrás de su sonrisa cautivante.
Decian incluso los habitantes del desierto, que ella era hija del viento y arena. Que fue concebida con la fuerza de una tormenta, la suavidad del viento y la perseverancia de la arena.

Sin embargo, un día llegó al castillo un hombre como esclavo. Decia haber  llegado al puerto de Al-Jazeer en un bote, escapando de los salvajes marroquies  y que a su vez, ellos habían comprado a unos mercaderes de Hispania. El hombre –  que resultó ser velludo, y con aptitudes matemáticas – en verdad buscaba a la mujer que en sueños aparecia. Aquella de pelo color madera, de una sonrisa inolvidable y unos ojos color oliva. Fue capaz de seguirla desde otros mares hasta encontrarla.

Repentinamente, cuando llegó la siguiente noche, Sherezade no pudo terminar la historia de la enigmática mujer que llegó la misma noche de la tormenta de arena ni el hombre llegado del mar.

Ahora, solo tú podrás continuar con esta historia 🙂

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